domingo, octubre 30, 2005

CUENTO PARA NIÑOS...de todas las edades

En medio de estos eternos divagares, se me hace a veces muy complicado pensar que exista tanta gente que ni siquiera se atreve a ver que en el mundo hay más parcelas que las que rodean su casa, que las del vecino, y que las del pueblo cercano, superpoblado o aniquilado por el tiempo. Este es uno de esos cuentos para niños sin límites de edad, y para aquellos muchos que aunque dejen de serlo, sigan resoplando del descontrol y la alegría de un algodón de dulce o un manotón de chuches... lo he dividido en 6 capítulos, y hoy comienzo por el 1º... ojalá les guste.
EN UNA ESCUELA SIDERAL CUALQUIERA...
CAPITULO 1

Eran las ocho de la mañana y el sol iluminaba todos los planetas de nuestra historia. En planeta Escuela, los niños con sus varios maestros que provenían de planetas cercanos y lejanos al sol. Había comenzado la semana y los niños iban a recibir a unos nuevos niños provenientes de otros planetas de los que la guerra, la pobreza y el hambre se habían apoderado. A pesar de que planetas Nueve y Diez eran muy áridos, iban a convertirse en sus hogares.

Planeta Uno era el hogar de la familia de los Pepes. Uno de los planetas más hermosos del universo. Eran una familia muy simpática. Tenían su piel blanca y el pelo negro. Niño Pepe era muy listo, y sobresalía en su grupo la mayoría de las veces.

En planeta Dos vivía la familia Chang. No eran tan altos, tenían la piel de color ligeramente amarillo, el pelo moreno y liso y los ojos almendrados. Los Chang por su parte tenían dos hijos, niña y niño Chang. Cultivaban el arroz que era su alimento preferido. Mamá y papá Chang eran médicos naturistas que utilizaban recetas ancestrales y enseñaban lo que podían a sus hijos.

La familia Burbanov había venido de un planeta lejano del sol que se había congelado. Habían llegado a planeta Tres que estaba despoblado debido a sus tierras áridas. Cambiaron su medio y trabajaron la tierra, obteniendo frutos muy dulces con los que obtenían una bebida deliciosa. Eran altos y fuertes; tenían la piel blanca y el pelo marrón. Niño Burbanov era uno de los últimos en haber llegado a planeta Escuela provenientes de planetas que habían tenido problemas para conseguir agua y alimentos.

Planeta Cuatro era el planeta más grande del sistema. Tenía un paisaje maravilloso, un comercio espléndido, cosechas abundantes y el agua brotaba en sus manantiales. Estaba habitado por los Lewis que eran altos, gordos y rubios. Por su posición aventajada nunca estuvieron de acuerdo con la idea de enviar a niño Lewis a planeta Escuela; no querían que éste aprendiera cosas malas de los otros chicos que provenían de planetas inferiores, según ellos. Le prohibían a su hijo la compañía de aquellos que no fueran como él, o que no provinieran del mismo tipo de planeta. Solamente podría jugar en el descanso con las mellizas Lewiston y con los hermanos Flewiston, que provenían de planetas Cinco y Seis respectivamente. Las mellizas Lewiston eran delgadas con el pelo rubio y los Flewiston, aunque igual de altos, tenían el pelo rojizo. Las mellizas Lewiston siempre iban con sus vestidos limpios y sus tirabuzones perfectos, y se limitaban a quedarse mirando a los otros chicos jugar.

Los hermanos Flewiston, por su parte eran diferentes, eran traviesos y sin importar con quien jugaban, se divertían durante todo el día, y nunca recordaban las recomendaciones de sus padres de no jugar con chicos de planetas pobres; luego de las clases llegaban siempre sucios, cansados y llenos de raspaduras en las rodillas y en los codos. La mayor afición de niño Lewis y los hermanos Flewiston eran los deporte, por lo que disfrutaban de una estupenda condición física ganando siempre las competencias en que participaban.

Por oltra parte los planetas Siete y Ocho estaban menos desarrollados. Los Siwe, eran los habitantes de Planeta Siete; vivían humildemente, y eran amantes de la cultura que sus antepasados les habían dejado. Eran pescadores y trabajaban en el campo; eran bajos y de aspectos regordetes; tenían una hija que además de inteligente, era parlanchina y una gran amante de la naturaleza; siempre estaba lista para hacer todo cuanto los maestros solicitaban. Era inseparable en planeta Escuela de niña Wesi, con la que había crecido, y quien aunque era un poco más tímida que ella, era igual de brillante. Los Wesi, granjeros por generaciones, vivían en Planeta Ocho; eran similares a los Siwe, pero llevaban el pelo largo y con trenzas.

Los maestros habían hablado a los niños de la llegada de los nuevos chicos, sin embargo cuando un maestro les pidió que entraran en la clase, todos los niños quedaron perplejos. Eran niños de las familias Batiki y Molawi. Eran dos niños altos, con sus cuerpos muy atléticos y sobre todo con una mirada triste, que enseñaba todo lo que sus planetas habían sufrido. El resto de los chicos se quedaron mirándolos de pies a cabeza, sin decir ninguna palabra, alucinados con el color de la piel de los chicos nuevos. Uno la tenía negra y el otro, marrón. Nunca habían visto niños con pieles tan oscuras. Al principio sintieron algo de miedo, pero cuando el maestro los llevó a sus asientos tomándolos de la mano, estuvieron más tranquilos y sonrieron agradecidos.

Niño Burbanov estaba al lado de los niños, y fue el primero en saludarlos.
--- Hola, os ha gustado planeta Escuela?
Hubo un corto silencio, y luego los dos niños sonrieron queriéndole decir que de verdad estaban muy felices.
--- Y van a estar en planeta Escuela maestro?
Preguntó niño Lewis, con un tono poco amistoso.
--- Van a vivir en planetas Nueve y Diez.
Respondió el maestro.
--- Van a ser vuestros compañeros de ahora en adelante. Solamente espero que los tratéis igual que el resto.
Niña Siwe sonriendo y con cierta emoción levantó la mano para preguntarle algo al maestro.
--- Podremos jugar con ellos en el descanso?
--- Por supuesto que si... claro... si ellos quieren.
Respondió el maestro. Los dos niños ni siquiera fueron capaces de mirar a los chicos que hacían preguntas al maestro con curiosidad. Sólo escuchaban y de vez en cuando levantaban la mirada hacia el maestro, quien con su sonrisa los trataba de animar y tranquilizar un poco.

Niño Pepe levantó la mano y propuso que él mismo los ayudaría para que se pusieran al día con todas las asignaturas.
--- Si queréis, podemos estudiar y hacer los deberes juntos.
CONTINUARÁ...