Y LOS DIAS DE ESCUELA CONTINÚAN...
Cuando llegaron al salón de clase, las mellizas Lewiston estaban allí, y niño Lewis, había movido su silla un poco más lejos de los niños nuevos. El maestro lo vio y acercándose le pidió que volviera su silla a donde estaba.
--- Pero es que...
Dijo niño Lewis.
--- Es que ... ¿qué?
Preguntó el profesor, esperando una explicación.
--- Nada profesor.
El maestro notó que había algo de rechazo por los chicos nuevos, pero se alegró de ver que los demás los habían hecho parte del grupo tan rápidamente.
--- De ahora en adelante, trabajaréis juntos en todas las asignaturas ¿de acuerdo?
Preguntó el profesor, dirigiéndose a niño Lewis. Sin embargo éste sólo lo miró con arrogancia accediendo a regañadientes y volvió a poner su silla junto a la de los niños nuevos en donde estaba originalmente.
--- Está bien, maestro. Dijo, aceptando la sugerencia.
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CAPITULO 4
Unas semanas más adelante era el “Día de las comidas típicas”. Para ese día, todos traerían un plato que se cocinara en su planeta. Todos acudieron con mucha ilusión, muy felices de enseñar a sus compañeros aquello que muy a menudo tenían en casa. Niño Pepe llevó una tortilla deliciosa. Los niños Chang llevaron un arroz especial. Niño Burbanov trajo la bebida que hacían en su planeta. Niño Lewis y los hermanos Flewiston llevaron pavo al horno y mazorcas de maíz. Las mellizas Lewiston llevaron galletas y bollería. Todo estaba sobre unas pequeñas mesas. Los niños iban pasando por cada una de ellas, probando y comiendo de todo un poco. Cuando niño Lewis y los hermanos Flewiston llegaron a la mesa en donde estaban los alimentos de los niños Batiki y Molawi no fueron capaces de contenerse. Estos habían llevado unos tubérculos típicos de su planeta que tenían un sabor delicioso, sin embargo a simple vista no eran muy atractivos.
--- Pero... ¿ Qué son estas cosas tan feas? ¡Vaya bolas tan desagradables!
Dijo niño Lewis, con un gesto de reprobación total.
--- ¿Las has probado ya?
Le preguntó niño Chang.
--- No parecen muy buenas, además están muy quemadas.
Señaló uno de los hermanos Flewiston, tapándose la boca simulando tener arcadas.
--- Toma uno de éstos. No puedes decir que algo no te gusta hasta que no lo hayas probado. ¿No crees?
Respondió niño Molawi.
El maestro miró a los tres niños diciéndoles que todos habían traído cosas muy buenas, y que no iban a hablar mal del plato de nadie.
--- Que lo prueben, que lo prueben.
Gritaban el resto de los niños sonriendo y rodeando a los otros tres.
Ante espectáculo tal, y con la mirada del maesto, accedieron a probarlo. Niño Molawi, partió uno de los tubérculos y apareció un fruto de color anaranjado intenso que le pasó a los tres chicos.
--- Hummmmmm, que bueno está.
Dijo uno de los hermanos Flewiston con una cara iluminada de alegría.
--- ¡Probadlo!
Pasó un buen trozo a niño Lewis, quien con una cara de amargura se lo llevó a la boca. A su pesar, el trozo fue probado por varios de los que estaban alrededor, y cuando tomaban un poco, querían más. Estaba tan bueno, que en un momento ya no quedó nada.
--- Si...y tomad uno de los míos también. Los ha hecho mi madre.
Dijo niño Batiki.
Al cabo de unos minutos, sólo quedaban las bandejas vacías. Todos las recetas habían estado exquisitas, sin embargo, los tubérculos habían sido un total éxito. Todos hicieron comentarios en clase luego, mientras los niños nuevos enseñaban los tubérculos crudos y las hojas de las plantas de las que los obtenían. Todos quedaron maravillados. Especialmente niño Lewis y los Flewiston, quienes al final tuvieron que reconocer que estaban realmente buenos.
















